jueves, 21 de julio de 2011

MEERSBURG

Meersburg es una localidad de Alemania, situada a orillas del lago Constanza, en el estado federado de Baden-Wurtemberg.
Tiene un marcado carácter medieval, como muchas de las ciudades de esa zona, y es una bella y turística ciudad privilegiadamente elevada sobre el lago.
La población es nombrada por primera vez en el año de 988 con el nombre de Merdesburch. Entre los años de 1210 y 1803 perteneció al Obispado de Constanza.
Hacia el año 1300 recibió el privilegio para celebrar un mercado semanal, pasando a utilizarse y desarrollarse para ello la zona inferior de la ciudad, hasta entonces ocupada prácticamente sólo por pescadores.

Ya os enseñaré lo que ví en esta ciudad, aquí probé por primera vez la cerveza de trigo, la weissbier o weizenbier, que algo de alemán se te pega cuando pasas por allí.....



lunes, 4 de julio de 2011

LA MEZQUITA DE CORDOBA


La Catedral de la Asunción de Nuestra Señora es el nombre eclesiástico de la Catedral de Córdoba, o Antigua Mezquita. El edificio, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, se comenzó a construir en el 786 en el lugar que ocupaba la basílica visigótica de San Vicente Mártir. En 1238, tras la Reconquista, se llevó a cabo la conversión de la mezquita en una catedral cristiana con la ordenación episcopal de su primer obispo, Lope de Fitero. En 1523 se empezó la construcción de una basílica renacentista de estilo plateresco en el centro del edificio musulmán. Hoy constituye el monumento más importante de Córdoba, y también de toda la arquitectura andalusí, junto con la Alhambra.
La mezquita fue objeto de ampliaciones durante el Emirato y el Califato de Córdoba. Con 23.400 metros cuadrados, fue la segunda mezquita más grande del mundo en superficie, por detrás de la Mezquita de la Meca, siendo sólo alcanzada posteriormente por la Mezquita Azul (Estambul, 1588). Una de sus principales características es que a diferencia de la mayoría de mezquitas, cuando fue construido el muro de la quibla no fue orientado hacia La Meca, sino 51º grados más hacia el sur, uno de los motivos fue su cercanía al río Guadalquivir, que impidió su avance hacia el sur, lo cual la incapacita para una posible oración o salat musulmán, uno de los cinco pilares del islam.
La puerta de Las Palmas da acceso a la mezquita: hay un bosque de 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito sobre las que se apoyan trescientos sesenta y cinco arcos de herradura bicolores. El mihrab, lugar santo que señala la dirección Sur y no la de La Meca, de acuerdo con la voluntad de Abderramán (hacia el río porque le llevaba hasta su Damasco natal), es un joyel de mármol, estuco y mosaicos bizantinos brillantemente coloreados sobre fondo de oro y bronce, además de cobre y plata.
En el Lucernario se conservan los arcos lobulados de los muros y la cúpula. En la cabecera destacan los arcos, los mosaicos del muro y la estructura y decoración de las cúpulas a base de arcos cruzados.
Los materiales utilizados son de acarreo: fustes de columnas y capiteles procedentes de construcciones y épocas anteriores (romanos y visigodos), sobre los cuales se elevan pilares rectangulares de sillería que dotan de más altura al conjunto. Para darle estabilidad a este alzado se recurre a dobles arcos, de los cuales el inferior, de herradura, hace funciones de apoyo, mientras que el superior, de medio punto, es el que soporta la cubierta. Este sistema, además de la alternancia cromática y material de las dovelas, rojas de ladrillo, amarillentas las de caliza, parece estar inspirado en el acueducto romano de Los Milagros (Mérida).
Mi primer recuerdo de la Mezquita de Córdoba es de cuando íbamos a “ESTVDIO”, la librería–papelería más antigua, la mejor y la única que tenía de todo. Allí comprábamos láminas con fotografías de obras de arte para confeccionar nuestros álbumes. Venían en bolsas numeradas y en cada bolsa encontrábamos un montón de fotografías de arte romano, arte griego, bizantino, románico, etc.… Pero algunas de las bolsas tenían dibujadas las columnas y los arcos de la Mezquita. Cuando llegamos al arte árabe, dentro de la bolsa había más fotografías, y en casa había postales de Córdoba y Granada, mi álbum quedó genial. Pero a través de las fotografías se vislumbraba que aquello era mucho más grande, además de que lo ponía en el libro, claro. Pero Córdoba quedaba tan lejos…Alguna hermana mayor, o primo, habían ido de viaje de novios a Andalucía, bueno, a lo mejor era cuestión de esperar a casarse ¿no? O lo que nunca imaginé, que la vida decidiera otra cosa para mí…. Un destino laboral, o algo….
Acababa de descubrir que Córdoba quedaba a menos de una hora cuando una amiga decidió venir a visitarme. Bueno, qué emoción, venía mi amiga, había que celebrarlo, y qué mejor forma que sacar unos billetes a Córdoba. No sé lo que pudieron costar aquellos billetes, ni nos importó, la verdad. Subimos al AVE entusiasmadas, la primera vez que viajábamos en un tren que iba como las balas. Y nos dieron de desayunar, bueno, qué acontecimiento. Aquello significaba que llegaríamos antes a la Mezquita. Porque el objetivo era la Mezquita. Todos las tardes de estudio que nos habíamos pasado pegadas al libro de Arte estudiando las columnas galgo, los arcos de herradura, los arcos lobulados, el pan de oro, la decoración vegetal, las celosías y los mocárabes,…. Todas las fotografías de arcos en rojo y blanco, de columnas de granito y mármol, todos los Abderramanes, la eterna pregunta de dónde está la Meca… todo ello iba a ser respondido en apenas dos horas,  Ni siquiera recuerdo el camino desde la estación, mi recuerdo es estar ante unos muros sin ninguna ornamentación y la entrada a un patio, el patio de los naranjos o las Abluciones, ¡qué olor….a primavera! Y un hombre que se dirigía a nosotras: “Niñas, niñas, ¿queréis entrar a la Mezquita?” “Pues mire, sí, a eso venimos”. “Es que si entráis ahora, os ahorráis 700 pesetas, es la hora de culto….” Vaya, se me había olvidado que aquello era la Catedral….
Respirando hondo y con decisión, dimos el paso, entramos y ¡ooooooohhhhhhh! ¡Pero si esto es un bosque! Filas y filas de columnas, arcos que se extendían hacia el infinito (bueno, casi, aquello tendría un final). Empezamos a caminar entre aquellos “árboles”, buscando, buscando no sabíamos muy bien qué, bueno, sí, había que encontrar la quibla. Mi amiga buscaba las capillas y el altar mayor, porque ella sí que se acordaba de que la Catedral estaba allí. Al poco de nuestra búsqueda, lo vimos. Detrás de una reja, estaba el muro orientado hacia la Meca, que luego me enteré de que anda un poco desviado. Mira, le dije a mi amiga, esto es la quibla, y ese hueco debe de ser el mihrab. Estaba oscuro y apenas se distinguía la decoración, mi amiga no se acordaba, le tuve que explicar lo de la oración cinco veces al día, el muro orientado a la Meca, la habitación más rica del edificio dedicada a albergar el libro sagrado, vaya, que parecía musulmana al lado de ella. Yo me agarré a la reja intentando distinguir el mayor número de detalles posible, llegó un grupo de turistas, y abrieron la puerta, claro, nosotras no éramos del grupo, no sé si por las 700 pesetas o por otras razones. ¡Y se hizo la luz! Aquello empezó a brillar, y mi cuerpo se sacudió como si la corriente me hubiera atravesado antes de llegar a las bombillas. Me vi desde fuera de mí misma, agarrada a la reja, llorando y sin oír a mi amiga que me preguntaba qué me pasaba. Una emoción indescriptible, un sentimiento desconocido, unas lágrimas que me avergonzaban,…Estaba sufriendo EL SÍNDROME DE STENDHAL.
¿Qué me importa que con el paso de los siglos discutamos si la Mezquita debería volver a su culto musulmán, si fue un disparate levantar una Catedral en semejante maravilla arquitectónica, si donde las dan las toman, ya que en su origen era una iglesia visigótica? ¿Qué significa todo esto cuando su quibla decorada con oro, cobre, con miles de piezas brillantes y policromadas fue capaz de provocar en mí semejante reacción? Quizá soy descendiente de alguno de los arquitectos que tomaron parte en la construcción de la Mezquita, quizá en otra vida fui miembro de alguna familia árabe con inquietudes artísticas, o quizá simplemente fui de la familia de las urracas (que dicen que se sienten atraídas por los objetos brillantes).

miércoles, 1 de junio de 2011

RECUERDO DE PALMIRA

Palmira fue una antigua ciudad nabatea situada en el desierto de Siria, a 3 km de la moderna ciudad de Tadmor o Tadmir, (versión árabe de la misma palabra aramea "Palmira", que significa "ciudad de los árboles de dátil"). En la actualidad sólo persisten sus amplias ruinas que son foco de una abundante actividad turística internacional. La antigua Palmira fue la capital del Imperio de Palmira bajo el efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 266 - 272.

En el 41 a. C. los habitantes de Palmira huyeron de las tropas de Marco Antonio al otro lado del Éufrates. En el siglo I Siria se convirtió en provincia romana y la ciudad prosperó con el comercio de caravanas al estar situada en la ruta de la seda.
Tras una visita, el emperador Adriano otorgó a Palmira los derechos de ciudad libre y cambió el nombre a Palmyra Hadriana.
Tras la captura del emperador romano Valeriano en la guerra contra los sasánidas, Palmira defendió las fronteras bajo el mando del gobernador Septimio Odenato. Tras su asesinato, su viuda Zenobia en nombre de su hijo Vabalato, estableció en Palmira la capital de su reino nabateo. Mantuvo su independencia durante seis años frente al acoso y sitio por Roma consiguiendo extender su área de influencia hasta Egipto. En 272 fue derrotada y llevada cautiva por el emperador romano Aureliano quien la hizo tirar de un carro encadenada con cadenas de oro durante su marcha triunfal. Luego fue perdonada y se pudo retirar a una villa en Tibur. Tras una segunda revuelta de sus habitantes, Palmira fue arrasada en el 273.
Diocleciano reconstruyó Palmira aunque la nueva ciudad era más pequeña y estableció un campamento en sus cercanías como defensa contra los sasánidas. En el año 634 fue tomada por los musulmanes y en el 1089 fue completamente destruida por un terremoto.
Llegamos  a Siria por la noche, muy de noche, en un vuelo de 20 minutos procedente de Ammán en el que nos dieron un vasito de zumo de naranja. En la aduana nos hicieron cambiar de ventanilla tres veces hasta que un policía nos sacó de la fila y nos “retuvo”. Éramos seis “almas cándidas” sentadas en un banco en tierra de nadie esperando que alguien nos explicara qué pasaba, aunque estábamos tranquilos porque el policía nos había dicho “don´t worry, pleasse sit down” o algo similar que creí entender con mis litle-litle conocimientos de inglés. Toda esta aventura duró unos quince minutos, pero os prometo que en Siria, con un montón de policías de piel oscurita y viendo que todo el mundo pasa la aduana menos tú,… Como que se te hace un poco más largo.
Mi primer recuerdo de Palmira es del día que visitamos Palmira. Había preparado mi viaje a Jordania, me había documentado sobre Petra, el Mar Muerto, Madaba, había visto “Lawrence de Arabia”, conocía al rey Hussein y la reina Noor, a su hijo el rey Abdalá y cómo no, a su preciosa esposa Rania, etc… Pero el viaje tenía una extensión a Siria de tres días, visitaríamos Palmira y Damasco. Lo único que sabía de Palmira era que me sonaba a ciudad romana. Y de Damasco, que era una ciudad muy antigua y que San Pablo se convirtió al cristianismo durante su convalecencia en esta ciudad tras un accidente de caballo.
¡aaahhhchiisss! Este fue mi saludo a la ciudad de Palmira cuando atravesaba su gran arco de Triunfo siguiendo al guía beduino. Una caminata por un cardo, que lo de cardo lo había aprendido dos días antes en Jerash, es una calle principal flanqueada por columnas. Caramba, pensé, esta gente lo hacía todo grandísimo. Nos explicaron que la calle medía unos 1.200 metros y que estaba toda adornada con esculturas de ciudadanos notables.
En la foto se pueden apreciar los restos del gran arco levantado sobre la vía principal de la ciudad, y las majestuosas columnas que flanqueaban esta calle principal porticada. Excepcional obra maestra, de la que no se conoce el autor que la realizó, pero sí que es del siglo III.

 ¡aaachhhiiisss!, contesté a la propuesta de matrimonio que nos hizo un ligón eventual que buscaba su tercera esposa entre nuestro grupo.

Y llegamos al templo de Bel, el dios supremo de la ciudad. Aquí nos explicaron cómo eran las procesiones que organizaban en honor de su dios. Bueno, con lo grandísimo que se ve que era el templo, y los ceremoniales que te imaginas que seguían, pues vamos, que aquello debía de ser eterno. Y con ese sol de justicia que caía, ¡aaachhhiiisss!, Y como toda construcción lejana en el tiempo que ha visto pasar tanta Historia ante sí, supimos que en el siglo IV fue convertido en iglesia, después fue una fortaleza árabe, una mezquita y terminó siendo refugio de soldados y tribus nómadas.
¡aachhhiiisss! Nos enseñaron una serie de ruinas en mayor o menor grado de conservación. El teatro es precioso, es uno de los edificios mejor conservados, y podría servir como escenario de alguna representación, lo malo sería trasladarse hasta allí para ver representada “Electra”, “Las Troyanas” o “La bella Helena”.
 ¡aaachhhiiisss! El guía ya me miraba, cada dos pasos, yo estornudaba, así que dije: “creo que me he resfriado con el aire acondicionado del microbús”. “Nada de eso, es que tienes alergia a alguna planta”, dijo con aire de entendido… ¡Plantas! ¿Aquí hay plantas? Bueno, estábamos en pleno desierto, yo creo que el comentario era lógico, ¿no? “¡Pues claro, miles!, ¿es que te crees que en el desierto no hay plantas?” Creo que se calló lo de “tonta”. En fin, la lección de la flora desértica hay que repasarla.
Ahora, cuando repaso mis fotos de Palmira, o veo algún reportaje, o Siria aparece en las noticias, se apelotonan los recuerdos. Entre achis y achis, conocí las ruinas de una ciudad que guarda la historia de la reina Zenobia, una mujer extraordinaria, capaz de levantar un imperio en poco menos de seis años, y hacer frente a la poderosa Roma. Una mujer a la que históricamente, se compara con Cleopatra, aunque  a mí se me viene a la mente Margaret Thacher. 
Y cada vez que estornudo en mi trabajo, recuerdo que nunca es tarde para aprender botánica y no quedar como una tonta delante de gente desconocida.
¡¡¡aaachhhiiisss!!!

sábado, 21 de mayo de 2011

PERITO MORENO


El Glaciar Perito Moreno está ubicado en Argentina entre los grados 47º y 51º de latitud sur, naciendo del Campo de Hielo Patagónico Sur. Se extiende sobre el Brazo Sur del Lago Argentino, con un frente de cinco kilómetros de longitud y sesenta metros de altura aproximadamente.


en resumen, el Perito Moreno es esto.

sábado, 7 de mayo de 2011

CARLOS III Y LA PUERTA DE ALCALA


Cuando alguien a mi lado se refería a Carlos III, lo único que venía a mi mente era un cuadro de este rey vestido de cazador, que fue el promotor de varias edificaciones en Madrid  y su desastroso hijo Carlos IV. Bueno, y el dicho de  mi abuela:”el mejor alcalde, el rey”, pero que no sé a qué lo aplicaba ella concretamente.
En 1986 hicimos varios viajes a Madrid, yo siempre había ido en tren pero esta vez me fui en coche con mi hermano y mi madre. Como mi sentido de la orientación es más bien inexistente, nunca sé por dónde voy y no recuerdo las calles ni las direcciones. Aquel día, llamó mi atención un monumento que reconocí como estilo neoclásico y ¡zas! Se hizo la luz en mi mente. Quedando como una completa estúpida, exclamé: ¡Ala! ¡Mira! ¡La Puerta de Alcalá! A lo que mi hermano no pudo resistirse y apostilló con la única canción que, ese año, todos nos sabíamos de memoria: “mírala, mírala, la Puerta de Alcalá”. Sí, el año en que a Víctor Manuel y Ana Belén se les ocurrió llevar al éxito el tema de la Puerta de Alcalá, yo me fijé en ella por primera vez en mi vida.








A partir de este episodio, pues ya fue más fácil de asimilar los conocimientos que se habían quedado aletargados en mi memoria.
Esta puerta fue mandada construir por Carlos III y es obra del arquitecto italiano Franccesco Sabatini. Es de 1769 y la más célebre de todas sus obras. Su construcción debe inscribirse en un plan de mejoras urbanísticas llevadas a cabo por este rey.
Presenta una estructura horizontal con cinco vanos, los tres centrales de medio punto -el central más elevado- y los dos laterales adintelados. Sobre el arco central se levanta un ático coronado con un frontón curvo que a su vez alberga otro triangular. Sobre el perfil de la puerta observamos una atractiva decoración escultórica realizada por Roberto Michel y Francisco Gutiérrez, eliminando de esta manera la acentuada horizontalidad del monumento.
En esta obra se refunden tendencias del barroco internacional y académico en su versión monumental, acentuando el valor urbano de un enclave estratégico de la capital por la compleja relación que se establece entre puerta y paseo. Las propiedades estilísticas que en la obra confluyen procedentes del barroco tardío italiano y de un clasicismo más estricto, no alteran el efecto unitario pretendido por el arquitecto. Como centro irradiante hacia el espacio que la rodea, la puerta llega a definir la naturaleza del lugar erigiéndose en su referencial más significativo.
Fue inaugurada en 1778 como auténtica puerta de acceso a la ciudad por el camino real de Cataluña y Aragón.
Y como el término Neoclasicismo denomina al movimiento estético que refleja en las artes, los principios intelectuales de la Ilustración, pues ya tenía la siguiente pieza: Carlos III, el rey Ilustrado.
En otra visita a Madrid se nos ocurrió ir al Museo de Cera, y ahí ya fue el definitivo empujón hacia  una relación con Carlos III. Pasamos por las salas donde están representados todos los reyes de España e hicimos el repaso. Primero estaban don Pelayo, los “moros”, y aparecieron los Reyes Católicos, a continuación los Austrias, sí íbamos bien; llegamos a Felipe IV, vale…. Sí, Carlos II el Hechizado… los Borbones, nosotros controlando, Felipe V,… “Oye, ¿y éste? ¿Quién es éste?” Bueno, pues a tirar de folleto… “¡Luis I! ¿Y este otro? ¡Fernando VI!” Espera, al siguiente lo conocemos, Carlos III ¡en traje de cazador! 
Pero ya estaba sembrada la “duda investigadora”. ¿Quiénes eran esos dos personajes que se nos escapaban entre el primer Borbón y su hijo Carlos? Porque sabíamos de muy buena tinta que Carlos III era hijo de Felipe V,… así que nos sobraban dos o algo pasaba.
Lo de Luis I fue fácil, su padre Felipe V abdicó en él pero apenas reinó siete meses ya que murió prematuramente de viruela. El antiguo monarca volvió a asumir el trono. A la muerte de éste, le sucedió su siguiente hijo varón, Fernando VI,  que inició la reforma ilustrada de España a través del saneamiento de la Hacienda y la financiación industrial. Reinó trece años y murió sin descendencia.
Y así es como llegamos a Carlos, el hermano, qué alivio, ya teníamos el “hilo”.
Ahora, cuando alguien a mi lado se refiere a la expulsión de los Jesuitas, al Jardín Botánico, el Museo del Prado, el Museo Reina Sofía, los Planes de Estudios Universitarios, el plan radial de carreteras, hospitales públicos, escuelas de Formación Profesional, el impuesto de sucesiones, la demarcación territorial en provincias,….a mi mente asoma una carita de ratoncito con peluca empolvada señalando la Puerta de Alcalá y diciendo: mírala, sus ojos son testigos de mi trabajo.
Las piezas encajan, todos esos “post-it” que habían quedado prendidos en mi memoria han quedado “pasados a limpio” gracias a que mi hermano condujo alrededor de una plaza presidida por una enorme puerta y a que una mañana de domingo nos metimos en el Museo de Cera porque no teníamos ánimos para pensar demasiado.