domingo, 26 de mayo de 2013

RECUERDOS DE UN GIMNASIO

Hacía pocos meses que mi vida había dado un enorme vuelco. Nunca había trabajado, y tenía un trabajo, nunca había salido de casa de mis padres, y ahora tenía un piso a mi cargo, siempre había tenido los mismos amigos, y ahora no conocía a nadie, y todo esto lo tenía en una ciudad nueva, una ciudad de la que tan sólo conocía su nombre cuando llegué a ella. ¿Y qué hago ahora? Tenía que construir una vida, ir y venir a trabajar, ir y venir a comprar comida, cocinar y cuidar de un piso en alquiler, la verdad, no llena mucho. Tenía que buscar alguna actividad  que cumpliera algunos requisitos: lo primero, salir fuera de la casa, lo segundo, gente alrededor, y lo principal, que me gustara y no me fuera difícil dedicarle tiempo. Descartado matricularme en algún estudio, decidí que ya había estudiado bastante. ¿Qué me queda? Bueno, piensa, algo habrá…. Ya hacía tiempo que observaba en la tele que alguna gente famosa empezaba a lucir músculo, pero no tipo culturista, no, sino músculos definidos dentro de su propia constitución física. (Bueno, vale, que había visto a Ana Torroja, a Ana Belén  y a Alaska luciendo unos brazos muy bonitos y definidos. Que todo hay que explicarlo….). 

¡Pues me apunto a un gimnasio! Lo primero que pensé: vaya, sí yo aprobaba la educación física por los pelos, que me costaba Dios y ayuda ir a clase, que todas las profesoras de gimnasia me llegaron a coger tanta manía como yo a ellas…  ¿Qué pinto yo en un gimnasio? No sé cómo me enteré de que lo que esta gente hacía se llamaba “musculación” que luego lo llamaron fitness, y eso se hacía con máquinas y pesas, y bueno,… no parecía que exigiera grandes aptitudes físicas para hacerlo. Me planté en el siguiente paso: buscar el gimnasio adecuado. ¿Cómo? “Páginas amarillas” en mano, por la “G” Gran sorpresa, dos ¿sólo dos? Bueno, supongo que es lo bueno/malo de una ciudad tan pequeña… Siguiente paso: la visita, En el primero, no me dejaron ni pasar de la puerta,… vamos, que amablemente me hicieron saber que “no daba el perfil”, (¿lo tengo que explicar otra vez? Pues eso, que no tengo pinta de cultiristaaaaaaa…. y además, no sé si habría alguna chica, como no pasé de la puerta, no pude verlo).
Segunda visita: gimnasio nuevo, en el centro, a pocos minutos de mi pisito de alquiler, y me dejaron pasar a verlo, y había chicas, y luz y se respiraba tranquilidad,…. Y… y no había más sitios a donde ir. Era carísimo, pero la decisión ya estaba tomada. Al día siguiente, me presenté lista para empezar a trabajar mi cuerpo, lista para pasar parte de la tarde fuera de mi casa, rodeada de gente y sin estudiar, sin la presión de unos exámenes, sin tener que dar la talla en nada, sólo disfrutar y beneficiar a mi miente y a mi cuerpo. 

…¡Y cómo fue pasando el tiempo en el gimnasio! Cómo conocí a una de mis muchomásmejoramigas, cómo me evadí en aquella sala de las presiones del trabajo, cómo llené mis horas de soledad, cómo me reí, cómo pude coger aquellas agujetas terribles que me dieron hasta fiebre, cómo disfruté, cómo vi pasar monitores, cómo empecé a formar parte de una familia deportiva sin darme cuenta, cómo adquirí una disciplina de entrenamiento, cómo llegué a relajar mi mente en esos ratos de esfuerzo físico,  … Y cómo nacieron más gimnasios, más centros de ocio que hicieron daño al mío, o porque se iba algún monitor o porque ofrecían otras prestaciones,… Y llegó la crisis, y más circunstancias, Y su dueño y gestor murió y lo dejó huérfano. Y llegó un multimacrosupermegamonstruo y lo mandó todo a la mierda, bajó los precios, absorbió toda la demanda de la ciudad (y parte del extranjero), y en tres días, mi gimnasio cierra sus puertas después de 24 años de vida. Y aquí me veo, con las páginas amarillas en la mano (bueno, vale, que también tengo que decirlo, “en Google”), buscando un gimnasio en esta ciudad tan pequeña que me ofrezca lo mismo que he tenido en todos estos años. … Y no sé por dónde empezar…


viernes, 5 de abril de 2013

RECUERDOS DE UN RÍO

El Bachiller. Ya éramos “mayores”, ya teníamos que empezar a ser responsables y plantearnos los estudios de otra manera. Empieza por leerte un libro al trimestre y presenta el comentario de texto. ¿Pero qué es un comentario de textooooooo? Era un problema añadido a todos los deberes diarios, preparar un trabajo trimestral… Había que aprender a organizarse. Toma, ahí tienes “El Jarama”.

“El Jarama es una novela de Rafael Sánchez Ferlosio, publicada en 1955, que obtuvo el premio Nadal ese mismo año y que marcó un hito dentro de la novela española de la posguerra, convirtiéndose en una referencia obligada para la novela social. Es un relato simultáneo y objetivo, en tercera persona y cuya acción transcurre a lo largo de dieciséis horas.
Habla de dos grupos contrapuestos, una pandilla de jóvenes madrileños y un grupo de lugareños, en un caluroso domingo de verano, en Puente Viveros, junto al río Jarama. La acción se reduce a la mínima expresión y pierde total trascendencia para dejar paso al auténtico objetivo de la novela: presentar el contraste que existe entre la superficialidad e intrascendencia de las acciones y conversaciones de la ciudad, frente a la autenticidad y superioridad de la naturaleza.”

Sí, vale, ahora te hablan de él, lo buscas, decides leerlo y con todo lo que has aprendido y lo que has visto a lo largo de tu vida,… pues va y te gusta el libro.
Cuando acabé de leerlo, sí que tuve un grandísimo problema. ¿Qué comento yo de este libro? Había tardado un mes en leer la aventura de una pandilla de amigos un domingo en el río. ¡¡¡Un mes leyendo lo que sucedía en un domingo!!! ¡¡¡Y no pasaba nada, se pasaron el día discutiendo y al final va una y se ahoga!!! ¡¡¡Pero qué mala suerte!!!
Mala suerte la mía, no entendí la novela, no estaba preparada para ese tipo de literatura, no pude aprovechar la oportunidad que se me brindaba. Aunque puede que la lección fuera otra: puede que con esto aprendiera a hacer lo que hay que hacer, y no sólo hacer lo que me gusta, disciplina para cumplir con obligaciones, para analizar cosas que no llego a entender, para buscar conclusiones donde no encuentro argumentos,… no sé… se me hace muy raro porque siempre hay que aprender algo, no puedes salir con las manos vacías…
Porque nuestros domingos en el río eran distintos. Nos íbamos todos juntos desde por la mañana, con los bolsos de la comida, las muñecas y las escopetas, los columpios, las gomas y las combas, los balones,… las sandalias de río, los bañadores y las toallas y las mantas,… ¡¡¡Con todo!!! Llegar, elegir el sitio para ponernos, que si da el sol, que luego da la sombra, que si aquí está planito, que estos árboles para los columpios, que aquí hay un hormiguero,… Decidir a qué jugábamos primero, aunque lo principal era saber la hora de meternos en el agua que siempre estaba fría, claro. Así nos pasaba, que estábamos más tiempo esperando meternos que el que tardábamos en salirnos.
La comida: las madres que aquí conmigo, las tías que déjales que vengan con nosotros, que si en esta manta no cabemos, que yo me voy con mi prima, que no, que tú eres de los pequeños, que a mí me gusta la ensaladilla de mi tía, que mira qué champiñones tengo más ricos, que no, que los tengo yo también… que yo quiero tortilla, que no, que es para merendar,…. Los tomates comidos a mordiscos,… Y luego toda la tarde para jugar, niñas con niñas, niños con niños, y niños y niñas, peleas por subir al columpio y columpios vacíos porque estábamos con las muñecas, y muñecas en las bolsas porque habíamos sacado las gomas, y partidos de fútbol, y juegos de comba con las tías “dando”,…
Y la vuelta a casa, todos juntos al anochecer o después de anochecer,…  cansados, sucios y cantando,…
Y a lo mejor tengo que recordar lo poco que aprendí con “El Jarama”, para poder traer al recuerdo aquellos días de río. Los días en que sólo nos preocupaba qué metíamos en el bocadillo (además de la nocilla), y si empezaban a salir los alzameriendas, señal de que acababa el verano y se terminaban esas tardes de calor y risas. Para recordar, sobre todo, a la familia al completo, aprendiendo a convivir, a compartir, creciendo juntos, soñando, inventando, y planeando.
Y querer mantener en el recuerdo a los que nos van faltando, recordarlos en los días felices y despreocupados de nuestra infancia, cuando ellos eran los responsables, los que nos enseñaban y nos corregían y nosotros los que teníamos todo por aprender y por vivir.
Quizás la lección era que todo lo que sucede en nuestra vida cotidiana es importante, cualquier domingo de cualquier verano en cualquier río, con familia y amigos, ha dejado su huella en nuestro carácter y en nuestro corazón. Saber que aunque esos días no vuelvan y ellos ya no estén, gracias a ellos y a esos días junto a muchos otros, somos lo que somos.



 




domingo, 24 de marzo de 2013

¡ MAÑANA SERÁ OTRO DÍA !

La primera vez que vi “Lo que el viento se llevó”, mi madre me puso merienda para llevar al cine. Era una película de cuatro horas y había un descanso a la mitad. Mi conclusión final, cuando salí del cine, fue que era muy bonita, que era muy larga y que el capitán Rhett Buttler era tonto porque cuando ella ya le decía que le quería, se marchaba de casa. Pero eso (pensé) era de mentiras, porque luego se le pasa el enfado y vuelve. Tenía que volver,… tenían que ser felices para siempre,…Mi mente no estaba preparada para finales “bruscos”.
La segunda que vi “Lo que el viento se llevó”, la echaban por la tele. Hicimos sesión familiar y fiesta, porque preparamos bandejas para cenar delante de la tele. Jo, hicimos sándwiches (como los americanos, con pan de molde y varios pisos…) y pusimos refrescos y cerveza (a elegir, según la edad, claro). Bueno, bueno, bueno,… las conclusiones ya fueron más “profundas”. La primera, una decepción, la historia era la que era y Rhett se iba y ya, no había más. También me di cuenta de que la señorita Escarlata era una caprichosa, que Ashley Wilkes no era el héroe que se había montado Escarlata, y que Rhett tenía muchísima paciencia.
¡Ajá, que el libro anda por casa! Ya empezamos, habrá que leerlo. Era lo más gordo que había visto en mi vida y claro está, un reto. Poco a poco, página a página, entré en aquellos tiempos de esplendor, fiestas y despreocupación. Tiempos y comportamientos que desaparecieron para siempre con la guerra civil.
Viví una guerra civil, que pasó no sólo a la historia de los Estados Unidos de América, sino a la Historia Mundial gracias a las innumerables películas y libros que se han inspirado y siguen inspirándose en ella. .. La esclavitud, y los primeros tiempos de su abolición.
Pero, sobre todo, se me mostraron distintos caracteres y distintas formas de enfrentarse a la misma realidad.
La importancia de la tierra, los orígenes, las raíces, el “mañana volveré a Tara” como si fuera el punto de referencia, la madre, aquello que te mantiene lúcido en momentos de dudas o desesperación cuando todo se derrumba, el refugio donde nada malo te puede pasar.
El “¡a Dios pongo por testigo…!” Como grito de guerra, remate de la decisión final e irrevocable, el ir hacia delante cueste lo que cueste,…
Y, sobre todo, el “Hoy estoy muy cansada para pensar, ya pensaré mañana Después de todo, mañana será otro día”. La lucidez suficiente para poner freno a los impulsos, esperar a encontrar soluciones con calma y meditación. Eso sí que me impresionó, aunque bien mirado, no deja de ser el “consultar con la almohada” pero puesto en película de Hollywood, que parece que lo han descubierto ellos.

Aunque la señorita Escarlata fuera una niña consentida y caprichosa, ambiciosa y manipuladora… me enseñó una buena lección: por muy difíciles que se pongan las cosas, por muy indefenso que te encuentres, por muy impotente que te sientas, por muy agotado que te dejen… si perseveras en buscar la solución con paciencia, con calma, con determinación, ordenando tus ideas, y sopesando opciones, no hay duda de que ¡MAÑANA SERÁ OTRO DÍA!

martes, 5 de marzo de 2013

RECUERDO DE UN PAYASO

El primer recuerdo que tengo de un payaso es entrando en el recinto del Circo de la mano de mis padres y un señor enorme que se me venía encima. Llevaba unos zapatones extrakilométricos que creo que pisé, una chaqueta horrible de colorines, una peluca estropajosa, la cara pintarrajeada y una nariz roja como una pelota de tenis. 
 ¡¡¡QUE NO ME GUSTAN LOS PAYASOOOSSS!!! Ya está, lo acababa de descubrir, eran A-GO-BIAN-TES, esa es la palabra. Eres un niño, del tamaño de un niño, es decir, pequeño, con una mente de niño. El espacio libre de tu mente es enorme, hay millones de datos que aún no has procesado, millones de imágenes que aún no han entrado, millones de situaciones que no has vivido, ¿y se te viene encima una cosa de colorines hablando como nunca has oído, haciendo cosas extrañas, con pies desproporcionados, pelos imposibles y narices que no has visto en tu vida? Lo cierto es que aquella misma tarde me di cuenta de que si no invaden tu espacio vital, los payasos podían estar bien, salvando el hecho de que el listo es tonto, el tonto es listo y los dos hacen tonterías…Pero a mí lo que me enganchó del Circo fueron los trapecistas. Para mí fue más llamativo verles volar, hacer giros y piruetas, ¡¡¡y no se me tiraron encima!!!! Mi relación con los payasos ha sido, toda mi vida, de “cordial alejamiento físico”, yo no les molesto y ellos me dejan en paz.
Pero,… (En la vida siempre hay un pero, un después, un algo más, un hasta que,…)  
Pero-después-más tarde-un día-algo más-hasta que una tarde mi amigo Juan (el “referido” en la cabecera de mi blog) me dijo que me presentara en un ensayo de su grupo de teatro. A la hora indicada, cámara en mano, (y botella de agua en la otra, porque tenía mucha sed) me presenté en el punto de encuentro. Personas totalmente desconocidas ensayando una obra desconocida,… y, quien me acababan de presentar como Pepe, que simulaba tener algo en la mano y que empezaba a contar: “¿a dónde vas?, al cine, ¿y qué vas a ver?, Quo Vadis, ¿y qué significa?, ¿dónde vas?, al cine, ¿y qué vas a ver?, Quo Vadis…."
Nadie me ha hecho reír tantas veces ni tan seguidas con la misma historia tonta como Pepe y su personaje. Pero ¿qué lleva en la mano? Lleva globos, es un payaso….
…¡Y no se vayan todavía, aún hay más! Meses más tarde, me encontré a Pepe vestido de payaso, con sus zapatones extrakilométricos, la cara pintarrajeada, un pelo imposible y una nariz como una pelota de tenis…. Esta vez representaba a Tonete…. Nadie me ha hecho reír ni cantar tan fuerte, ni disfrutar tanto con el rap de “Hola don Pepito”… como Pepe…

Y gracias a Pepe, no me he reconciliado con los payasos, no. Me he dado cuenta de que el payaso es un personaje muy difícil de representar, que hacer reír es un reto y mucho más hacer reír a un niño. Y que hay personas que se entregan a sus retos con todas sus fuerzas.  Como Pepe, que además de sus payasos ha interpretado a muñecos diabólicos, a patanes integrales, a soldados futuristas que descubren su corazoncito, a sacerdotes exorcistas, a aviadores perdidos, e incluso a expertos bailarines asesinos como Vincent Vega,.. Y me dejaré alguno más… (Como cuando contaste el cuento del elefante cautivo).
Hay personas que entran discretamente en tu vida sin aspavientos, sin llamar la atención, sin hacerse notar, pero que te enriquecen más que un batido energético para desayunar. Gracias Pepe, por cruzarte en mi vida y por enseñarme tantas cosas con tu trabajo y tu esfuerzo, con tu carácter sosegado y con tu comportamiento dulce y cariñoso.  
Vuelve pronto, como Tonete, como Chuky o como Vincent, pero vuelve pronto y no olvides que “si tienes un sueño y crees en él, corres el riesgo de que se convierta en realidad” (Walt Disney). Y lo digo porque algunos ya estamos soñando con tu vuelta...  

martes, 29 de enero de 2013

RECUERDO DE D´ARTAGNAN

Hace unos días escuché la noticia: tras unos complicados estudios comparativos entre el ADN de una cabeza y un pañuelo ensangrentado, se confirma que Luis XIV fue hijo legítimo de Luis XIII y no del cardenal Mazarino, como se especulaba desde entonces….
¿¿¿¿…???? El primer flash en mi mente fue: ¿Así que no era hijo de D´Artagnan?
Hombre, no, que eso es una película, ¡que eso era en “La máscara de hierro”!...
Y así llegaron los recuerdos. Aquellas tardes en las que en televisión aparecía una señora bordando en un convento y que llegaba otra, que me acuerdo que se llamaba Milady, y la envenenaba. Que era difícil de entender, porque esa señora, que yo supiese, se había pasado las tardes (bueno, los capítulos de la novela de televisión) bordando. ¿Y la envenenó porque bordaba? Vaya lío, la una que bordaba, la reina que perdía las joyas, el rey que andaba por allí con uno que era malísimo y que le chivaba lo que hacía la reina, y D’Artagnan, allí también venga a sacar la espada…. y venga duelos, y venga a viajar…
Pues nada, que no me enteraba, claro, pero tampoco me interesaba mucho, la verdad… porque como no terminaron casándose….
Mi hermano me planteó la gran pregunta: ¿No sabías que los tres mosqueteros eran cuatro? Pues no, no lo sabía, ¿no ves que soy pequeña?      
… Y un libro en la estantería, encuadernado en tela roja con letras doradas: “Los tres mosquetero”. ¡Jolín, que son muchas hojas y tiene la letra pequeña, y muy pocos dibujos, esto es de mayores!  Sí, de mayores, pero es que esos tres mosqueteros debían de ser muy famosos, porque había películas, y yo crecía, y leía mis cuentos, y los cuentos cada vez tenían la letra más pequeña y menos dibujos, y más hojas… Y cuando jugábamos niños y niñas, resulta que hacíamos de mosqueteros, y D’Artagnan era el más…. y éramos todos para uno y uno para todos…
Así que me armé de valor y lo pregunté: ¿Puedo leer ya “Los tres mosqueteros”? Claro, si no te aburres…
¿Pero cómo me voy a aburrir? Pero si aquello era un mundo por descubrir. Sí, claro, y el primer descubrimiento fue la primera decepción, ¡¡¡D’Artagnan no era mosquetero!!! Y si no era mosquetero, ya cuadraban las cuentas, ya eran tres, pero si D’Artagnan era el protagonista, ¿por qué se llamaba el libro de los tres mosqueteros? Si es que hay algunos que no se enteran…y ponen títulos a los libros sin ton ni son.
Aún así,  viví las aventuras de Athos, Porthos y Aramis, con sus criados, conocí al señor de Treville, al malísimo cardenal Richellieu, que ejercía su poder sobre el rey Luis XII y que odiaba a la reina Ana; a Milady de Winter, mala y vengativa donde las haya; al duque de Buckingham, que tenía un joyero estupendo (que en unas horas copió un herrete que faltaba),…
Me paseé por el reino de Francia, conocí el parentesco entre reinos y supe por dónde nos llegaba lo de los Borbones. También di un paseo por la geografía, ya que en Francia había una región llamada Gascuña, que producía mosqueteros muy guapos y valientes (ja, ja)
         Por primera vez me encontré con “una mujer pública”, puf, y marcada con la flor de lis nada menos. Y al final del libro, supe también que tomar la justicia por tu mano conlleva un peso muy grande y que si lo haces, te acompañará el resto de tu vida.
Pero sobre todo, los tres mosqueteros me abrieron la puerta a los libros con muchas hojas, con letra pequeña y sin dibujos. Aprendí que esos libros también eran divertidos,
Y cuando, años después, alguien presume de que “me he leído El Quijote tres veces”, a mí no me da ni pizca de vergüenza decir que me he leído Los tres mosqueteros cinco veces. Porque gracias a los tres mosqueteros he podido leer El Quijote, La Celestina, La Regenta, Cumbres Borrascosas, Don Juan Tenorio, Los Pilares de la Tierra, Romeo y Julieta y tantas otras obras antiguas y modernas, cortas y largas, teatro y poesía, obras a las que me acerco sin ningún tipo de prejuicio ni limitación de tiempo, espacio tema, o extensión.

martes, 11 de diciembre de 2012

RECUERDOS DE LA VACA Y EL BURRO

Yo recuerdo el Nacimiento en casa “toda la vida”.  Sacar las figuritas de sus envoltorios de papel, oye, que siempre había alguna rota,… Un año resultó que se nos había perdido el Niño y tuve que comprar otro a la salida del colegio. Que me fui de casa diciendo que lo iba a traer negro… Al final no me atreví a tener un Niño “adoptado”, ¡¡¡cobarde!!! También recuerdo lo que me costó aprender que eran mula y buey, que al final decidí que daba igual, y para mí fueron vaca y burro.
Los pastores y las pastoras, los patos y las patas, las lavanderas, el herrero (lo siento, no había lavanderos ni herrera), el horno de pan, el castillo de Herodes, los soldados (tampoco había soldadas), plantar lentejas y alubias para ponerlas en los campos, la arena del desierto (que era de la playa), la palmera,  y los Reyes Magos con sus camellos y sus pajes avanzando durante todas las Navidades hasta llegar al portal.  Y todo eso se fue reduciendo por falta de espacio, fuimos quitando a Herodes, el río, los puentes,… Hasta llegar a poner sólo “el Misterio”, porque en mi casa se llama Misterio. Y, a lo mejor se llama “Misterio” por alguna razón… (Y no estoy mirando hacia ningún Jefe de un diminuto Estado ubicado en una colina famosa de los alrededores de cierta Ciudad Eterna… ¿eh?)

Y en el recuerdo también queda un “¡no-no!”: Cuando “la bebecito” de poco más de un año entró en casa y se quedó deslumbrada con las bolas de colorines, el espumillón y las figuritas, todos nos quedamos conteniendo la respiración y preparados para salir de estampida a recoger el árbol, las figuritas, las bolas y (lo más importante) la niña, a la espera de que se produjera el inevitable desastre. Para nuestra sorpresa, se quedó con los ojos muy abiertos, estudió la situación y decidió: “no-no” señalando con su dedito… y siguió explorando la casa. Eran sus primeras Navidades “operativas” ya que las anteriores estuvo metida en su canasto y no enredó mucho, lo normal en bebés de dos meses…Pero este año era otra cosa, ya sabía andar, ya investigaba por su cuenta, y se valoró por un minuto de unos treinta segundos el no poner los adornos navideños por si la niña tenía algún “accidente”. De eso nada, aquí se pone el árbol y el Nacimiento, y la niña que lo disfrute, y si hay que estar detrás de ella, se está. Sí, ¿pero cómo se os ocurre fiaros de una diablilla de catorce meses?  ¡A la primera ocasión, apareció feliz, tan tranquila, con San José en la mano, el Niño estaba jugando con las gallinas y una oveja dormitaba en la cuna!  
Ahora vienen a decirnos que no hubo pastores ni pastoras, ni estrella, ni mula, ni buey. Que los Reyes Magos de Oriente no eran Reyes ni venían de Oriente,
Vale, pues ya sabemos que Herodes no comía turrón en esas fechas, que en la panadería no hacían marquesitas, que no había acebo para besar a tu novio, que no nevaba, que no era 25 de diciembre, que los misteriosos personajes no llegaron a Belén, y a lo mejor San José no era tan mayor, o el niño no nació de noche, y seguro que no hubo villancicos (eso es seguro-seguro).
Este año ya hemos perdido muchas cosas, hemos perdido trabajos, negocios, prestaciones sociales, prestaciones sanitarias, alumbrado público, pagas extras, hemos perdido el sentido de la decencia en políticos y personajes públicos. , … Por favor, Santo Padre no nos quite nuestras tradiciones, no nos quite la ilusión de los niños decorando sus Nacimientos con estrellas, angelitos, ovejas, pastores, caganérs, mejicanos tocando guitarrones, bailarinas con sus zapatillas en las manos, indios llegando con sus arcos y flechas, pescadores, gauchos con sus ganados, tamborileros, Reyes montados en camellos o a caballo, pajes cargados de regalos, soldados escondidos tras el castillo, ríos hechos con espejos, desiertos nevados, … No nos quite también la ilusión de evocar aquel Misterio Glorioso con la vaca y el burro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

VINTAGE


Penélope Cruz  aparece en un festival de cine con un vestido “vintage”.  ¡Madre mía!, ¿qué será eso?
Y ¿dónde buscar la expresión? pues donde vamos todos a buscar en estos tiempos en que queremos rapidez y el mínimo esfuerzo (todo y ya): en Papá Google. Vintage es el término empleado para referirse a objetos o accesorios de calidad que presentan cierta edad, los cuales sin embargo no pueden aún catalogarse como antigüedades.
El caso es que parece que ahora es la moda, todo el que quiere destacar y ser original, debe llevar “moda vintage”.

Cuando los veranos llegaban a su fin, había tardes que no podíamos irnos al río. A lo mejor había llovido por la mañana, a lo mejor amenazaba tormenta, a lo mejor estaba nublado o a lo mejor hacía frío. Entonces aprovechábamos a ir de compras o mejor dicho, de escaparates.
Aquel día íbamos de compras, abuelita se tenía que comprar un bolso. Porque antes, ibas de compras cuando necesitabas algo, y más las abuelas. Las abuelas se compraban vestidos, bolsos o zapatos cuando se habían roto los anteriores, o cuando iban de boda y querían “ir de estreno”.
“Pues a mí el bolso no me gusta. Es de abuela”… No me inspiraba ningún sentimiento. Si abuelita necesita un bolso nuevo, ella verá cómo lo quiere, grande, pequeño, negro, gris, blanco… eso sí, bueno. Porque abuelita no se compraba cualquier cosa,… Y se lo compró, y aquel bolso salió a la calle en miles de ocasiones. Acompañó a abuelita un montón de años. De ese bolso salía todo lo que necesitabas. Por supuesto, la cartera, un carterón negro de piel, de abuelas…Las llaves de casa siempre estaban en el fondo de los fondos, en el fondo sur o en el fondo norte, pero siempre en el fondo. Siempre había un pañuelo para limpiarnos cuando comíamos un helado. Había caramelos cuando estábamos aburridos y así nos entreteníamos un buen rato. Por supuesto, aparecía la merienda si salíamos de paseo, la botella de agua por si teníamos sed. Cuando íbamos al parque, la comba estaba en el bolso, y la goma también, ¿Y cuántas tardes de final de verano aparecía la chaqueta cuando la tarde caía y refrescaba de repente?
Abuelita se hizo mayor, y el bolso ya era muy grande para ella, ya le pesaba, y se compró otro más pequeño. El gran bolso quedó guardado en el armario. Aunque no olvidado. Abuelita empezó a regalar sus cosas “en vida” y el bolso pasó al armario de mamá. No estaba olvidado, pero seguía guardado. Hasta que la última Navidad, mamá hizo limpieza en el armario y el bolso guardado y no olvidado, salió a la superficie. “Es de piel, es muy bueno, pero parece que está estropeado”.
“De eso nada, se le da una buena capa de Nivea (que es la mejor hidratante del mundo) y queda nuevo". Media tarde dando Nivea, y el bolso, como por arte magia, resucitó.
“¡Me lo llevo!”
Bueno, pues ¿qué pasa? ¿Es que sólo puede ser chic un vestido carísimo comprado en una tienda de antigüedades? ¿Es que el bolso que abuelita se compró hace cuarenta años no puede volver a salir a la calle con todo su esplendor? Pues sí, chicas, que tengo un gran bolso de estilo vintage, que para sí quisieran muchas de las divinity que luchan por ser las más fashion de las pasarelas.
Eso sí, las llaves siguen habitando en el fondo más fondo del bolso.