miércoles, 14 de septiembre de 2011

JOSE Mª RODERO Y CALÍGULA

José María Rodero Luján (Madrid, 26 de diciembre de 1922- 14 de mayo de 1991), ACTOR ESPAÑOL.
Sintió curiosidad por el mundo de la interpretación al enamorarse de una actriz. Tras presentarse a unas pruebas del Teatro Español, cambió sus estudios de ingeniería por los de Arte Dramático.
Ingresó en la Compañía de María Guerrero, y ya en la década de 1950 destacaba como uno de los activos más sólidos de los escenarios madrileños, con piezas como Plaza de Oriente, El landó de seis caballos , Soledad, Colombo, La casa de la noche , La herida luminosa , Yo traigo la lluvia, La Celestina o Elena Osorio. Tras triunfar con En la ardiente oscuridad, de Buero Vallejo, formó su propia compañía con la que ya por entonces era su esposa, la también actriz Elvira Quintilla. Decenas de montajes, en las décadas de 1960 y 1970, lo avalan como uno de los grandes actores españoles del siglo. Destacan Donde vas triste de ti, Una tal Dulcinea, El concierto de San Ovidio El caballero de las espuelas de oro, ¿Quién quiere una copla del Arcipreste de Hita?, Corona de amor y muerte, El tragaluz, Calígula, Luces de Bohemia, Los emigrados, Enrique IV, El hombre deshabitado, Historia de un caballo  o Las mocedades del Cid. A destacar, igualmente, sus participaciones a lo largo de varios años en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, con obras como Calígula, Julio César y La cena del rey Baltasar
             Intervino en numerosas piezas en el espacio Estudio 1, La muerte de un viajante, Las Meninas, y sobre todo su recreación de Jurado nº 8 en la adaptación de Doce hombres sin piedad

Falleció en Madrid el 14 de mayo de 1991, cuando preparaba el estreno de Hazme de noche un cuento, del dramaturgo extremeño Jorge Márquez.
Cayo Julio César Augusto Germánico, (31 de agosto de 12 - 24 de enero de 41), también conocido como Cayo César o Calígula, fue emperador romano desde el 16 de marzo de 37 hasta su asesinato, el 24 de enero de 41. Fue el tercer emperador del Imperio romano y miembro de la dinastía Julio-Claudia, instituida por Augusto.
Era hijo de germánico, quien a su vez era hijo adoptivo del emperador Tiberio. Germánico es considerado como uno de los más grandes generales de la historia de Roma. La madre de Calígula era Agripina. De niño acompañó a su padre en sus expediciones militares por Germania, donde se calzaba con las cáligas de los legionarios, quienes le dieron el sobrenombre afectuoso de “Calígula” (“botitas”). Tras la celebración en Roma del triunfo de su padre, marchó con él a Oriente. Germánico murió durante su estancia en Antioquía, en el año 19. Después de enterrar a su padre, Calígula regresó con su madre y sus hermanos a Roma, donde la incomodidad que su presencia generaba en el emperador degeneró en una enemistad, causante probable de las extrañas muertes de una serie de parientes del futuro emperador entre los que se contaban dos de sus tíos. Sus relaciones con Tiberio parecieron mejorar cuando éste se trasladó a Capri y fue nombrado pontifex. A su muerte —el 16 de marzo de 37—, Tiberio ordenó que el Imperio debía ser gobernado de forma conjunta por Calígula y Tiberio Gemelo.
Tras deshacerse de Gemelo, el nuevo emperador tomó las riendas del Imperio. Su administración tuvo una época inicial marcada por una creciente prosperidad y una gestión impecable; no obstante, la grave enfermedad que atravesó el emperador marcó un punto de inflexión en su modo de reinar. A pesar de que una serie de errores en su administración derivaron en una crisis económica y en una hambruna, emprendió un conjunto de reformas públicas y urbanísticas que acabaron por vaciar el erario público.
 El 24 de enero de 41, fue asesinado por los ejecutores de una conspiración integrada por pretorianos y senadores, y liderados por su praefectus, Casio Querea.

Cuando durante el curso escolar no dabas un ruido, sacabas más que buenas notas y no habías tenido ni una falta de asistencia ni de puntualidad, si tus padres pedían permiso para que te fueras de vacaciones una semana antes, las monjas no ponían ningún problema. Bueno, también ayudaba que tenía diez años y con esa edad todavía no estábamos sujetos a los terribles exámenes finales, claro. Así que me “facturaron” hacia León con mis vestidos de verano, mi muñeca favorita y un nuevo corte de pelo.
Me esperaban las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro, que yo no había vivido nunca. Cabalgatas, serpentinas, la Feria con sus “cacharritos” y algún helado. Ir “al Hípico” y adivinar con mis primos qué obstáculo era el más difícil de saltar, fuegos artificiales en el río,…Una de esas tardes de luz interminable, alguien dijo que había teatro en la Plaza Mayor. ¡Teatro! Eso que siempre veíamos por la tele los viernes, sí, eso mismo pero al aire libre… ¿Y cómo será eso? Pues allá que nos fuimos unos cuantos con alguna tía responsable y nuestra abuela común. ¿Quién trabaja?, se preguntaban los mayores, mientras los niños nos empezábamos a plantear por qué no había sillas para todos (en realidad no había sillas para nadie, todo el público estaba de pie). José María Rodero en “Calígula”. Vaya, a simple vista, sonaba aburrido, ese actor debía de ser “mayor” y ¿Calígula? Un emperador romano. Puffffffffff a ver si esto va a ser para “mayores”…. A ver si nos han traído con la excusa y es que quieren venir las tías….Bueno, ya no había remedio, teníamos un sitio muy cerca del escenario y aquello empezaba ya.
Salió a escena, efectivamente, “un señor mayor” (adivina a qué llamábamos mayor a los diez años) vestido de romano. Pero un romano vestido de gala, no de batalla, con su túnica y su toga. Había un espejo a un lado del escenario y nada más.
Empezó la representación y todo cambió. Aquel hombre nos transportó en menos de un minuto a la Roma Imperial, a las conjuras e intrigas, a las guerras y conquistas del Imperio, a la locura de un tirano demente. Aquel hombre ya no tenía edad, el escenario ya no estaba vacío, ya no estábamos de pie en la Plaza Mayor, estábamos en el Senado, en el Palatino, le acompañábamos al Circo. Incluso asistimos al nombramiento de su caballo como senador y a su propia proclamación como deidad. Comprendimos perfectamente que aquel Calígula era un extravagante, un pirado con todo el poder en sus manos, sentimos la opresión del pueblo romano, la impotencia del Senado, llegamos a la conclusión de que el que tanto había conspirado y atentado contra su propia familia y todo aquel que no le convenía, tendría un final poco digno.
Por supuesto que de aquella cuadrilla de primos, alguno se cansó y se aburrió, éramos una pandilla demasiado joven, pero os aseguro que yo no fui la única que volvió a casa con ganas de saber más de los tiempos dorados de Roma y con la esperanza de encontrar a José María Rodero en otro Estudio 1, o a otros como él que nos hicieran sentir aquello que durante dos horas sentimos estando de pie en la Plaza Mayor.
Aunque en las enciclopedias nos digan que “El teatro (del griego θέατρον theatrón 'lugar para contemplar') es la rama del arte escénico relacionada con la actuación, que representa historias frente a una audiencia usando una combinación de discurso, gestos, escenografía, música, sonido y espectáculo...”, aquel día comprendimos que el teatro es mucho más. Efectivamente, es un arte, un Arte con muchas mayúsculas, un Arte en el que intervienen muchas piezas. Primero, un autor, alguien que escriba una historia, ficticia o basada en hechos reales. Después, unos actores que cuenten la historia con los matices que la ha concebido el autor. Y  después un público, unos espectadores que a través del actor y los medios que éste utilice, se sientan partícipes y hasta protagonistas de esa historia, que se la crean, que la vivan, que olviden todo lo demás durante la representación,… que se vayan a sus casas plenos de experiencias y sensaciones. Eso es para mí el TEATRO gracias a José María Rodero y su interpretación de Calígula en la Plaza Mayor de León una tarde de junio.     



 

martes, 2 de agosto de 2011

LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA Y FRAY LUIS DE LEON

La Universidad de Salamanca es la universidad más antigua de España que existe en la actualidad y una de las cuatro más antiguas de Europa abiertas actualmente, junto con las de Bolonia, Oxford y La Sorbona.

Me encantaba ir a Salamanca, era una fiesta. Pasábamos el día con tío Pedro, tía Herminia y Herminita, íbamos de tiendas y siempre quedaba tiempo para visitar las catedrales, el puente romano, San Esteban, la Plaza Mayor o la Universidad, todo no, en un día era imposible. Mi primer recuerdo de la Universidad es estar buscando la rana. Tenía unos cinco o seis años y yo no entendía por qué había que buscar una rana, que luego resultaba ser muy pequeña, y tampoco entendía que nadie se fijaba en la estatua del fraile que estaba enfrente.
 - ¿y este quién es? No sé si fue mi padre, mi madre, mi hermano o alguna de mis tías quien me dijo que era Fray Luis de León.
- ¿y si es de León, qué hace en Salamanca?
- Pues que daba clases aquí, y estuvo preso, … y fue muy importante.
Cada vez entendía menos lo de buscar la dichosa rana…. ¿no será más importante este señor que una rana?
- “Hay que buscar la rana para aprobar el curso” - ésta sí que era una de mis tías, las maestras, ….
La verdad que con seis años no te importa mucho lo de buscar una rana para aprobar, pero luego cumples diez, trece, quince, te preparas para selectividad,… sigues yendo a Salamanca, y te aseguras de encontrar la rana, “por si acaso”… Pero a mí me interesaba Fray Luis de León y la Universidad,…. ”Universidad” sonaba a grande, a mucho, a lleno, …
Y apareció en mis libros, en mi libro de literatura estaba Fray Luis de León, fraile agustino del siglo XVI, primero estudiante y después profesor en la universidad de Salamanca, filósofo y teólogo, interesado por la cátedra de Sagrada Escritura, envuelto en envidias y rencillas teológicas con los dominicos y traductor a lengua vulgar del Cantar de los Cantares.  
 Sus temas preferidos y personales fueron el deseo de la soledad y del retiro en la naturaleza y la búsqueda de paz espiritual y de conocimiento (lo que él llamó la verdad pura sin velo), pues era hombre inquieto, apasionado y vehemente, aquejado por todo tipo de pasiones, y deseaba la soledad, la tranquilidad, la paz y el sosiego:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

 
Y también aparecía el estilo Plateresco, tradicionalmente tenido por exclusivo de España , que apareció entre el último Gótico y el Renacimiento, a finales del siglo XV, extendiéndose durante los dos siglos siguientes. Resulta de una modificación del espacio gótico y de una fusión ecléctica de componentes decorativos mudéjares, del gótico flamígero y lombardos, así como primerizos elementos renacentistas de origen toscano. Ejemplos son la inclusión de escudos y pináculos, las fachadas divididas en tres cuerpos y las columnas de tradición renacentista. El estilo se caracteriza por una decoración prolífica que cubre las fachadas con elementos vegetales, candelabros, festones, criaturas fantásticas y todo tipo de figuraciones, ¿habéis visto las calaveras y la rana? Si al final lo  de la rana va a ser importante. La configuración espacial, sin embargo, seguía más claramente un referente gótico.
La fachada de la Universidad de Salamanca, es el ejemplo más claro de Plateresco: conocido como Escuelas Mayores, que se comenzó a construir en 1411. La fachada está dividida en tres cuerpos. El primero contiene el medallón de los Reyes Católicos que empuñan el mismo cetro, y sobre sus cabezas el yugo de Fernando y las flechas de Isabel. El segundo cuerpo contiene en el centro el escudo de Carlos V, rematado con un globo y una cruz sobre una espectacular corona; a la derecha el águila de San Juan y de los Reyes Católicos, a la izquierda el águila bicéfala del Imperio. En el tercer cuerpo hay una capillita donde se halla Papa Benedicto XIII que exhorta a los clérigos. La construcción fue dedicada a los Reyes Fernando e Isabel en 1534, muchos años después de su muerte.
Ya, sí, pero hay que ir a lo que se cuenta y toda Salamanca sabe,
La traducción a lengua vulgar del Cantar de los Cantares llevó a Fray Luis a la cárcel, la Inquisición no se andaba con tonterías. A la vuelta a su cátedra, supo resumir este episodio en “…decíamos ayer…” La historia me la contó mi tía , claro, una niña pregunta por qué dijo esto si había estado un tiempo en la cárcel, ¿cómo se iban a acordar los alumnos del día de ayer?, si no estaba… si seguramente estaba otro profesor,… pero no, es que me lo explicaron “es que lo dijo haciendo como que no pasaba nada”… Vaya, esto sí que es tener clase, ser elegante y demostrar qué es lo que importa, eso es lo que pensé o lo que intuí que me enseñaban en ese momento, hay que distinguir lo importante, hay que saber borrar lo que no afecta a nuestra personalidad, a nuestra misión,…  
 
Cuando empecé mi carrera, asistí a la solemne inauguración del curso (no era Salamanca), tenía que participar en el “Gaudeamus Igitur”, aunque fuera una sola vez, Era un paso importante en mi vida, no sabía hacia dónde en concreto, pero sí tenía claro que era hacia adelante.
Cuando terminé mi carrera, harta de estudiar, desilusionada de algunos profesores, dudando de mi futuro, asistí a mi última clase, la clase magistral del Decano, y sólo recuerdo y recordaré una única frase: “Sed universitarios, antes que facultativos”.
Por fin lo entendí, por fin supe lo que la Universidad significa, lo que Fray Luis y miles de profesores han intentado inculcar en sus alumnos, lo que miles de alumnos han practicado y gracias a ellos la Humanidad, ha progresado. Lo que significa formar parte de un todo en constante evolución, buscar, avanzar, abrir, otear, descubrir y mostrar, enseñar, ayudar y contribuir al movimiento, al avance y crecimiento de un Universo en el que todos somos piezas fundamentales, piezas clave, piezas ensambladas unas en otras que tienen el deber de crecer y ayudar a crecer a las demás.
Y también entendí que por desgracia, y aunque muchos se empeñen en comenzar sus discursos con el “decíamos ayer”, “Quod natura non dat, Salmantica non præstat”

jueves, 21 de julio de 2011

MEERSBURG

Meersburg es una localidad de Alemania, situada a orillas del lago Constanza, en el estado federado de Baden-Wurtemberg.
Tiene un marcado carácter medieval, como muchas de las ciudades de esa zona, y es una bella y turística ciudad privilegiadamente elevada sobre el lago.
La población es nombrada por primera vez en el año de 988 con el nombre de Merdesburch. Entre los años de 1210 y 1803 perteneció al Obispado de Constanza.
Hacia el año 1300 recibió el privilegio para celebrar un mercado semanal, pasando a utilizarse y desarrollarse para ello la zona inferior de la ciudad, hasta entonces ocupada prácticamente sólo por pescadores.

Ya os enseñaré lo que ví en esta ciudad, aquí probé por primera vez la cerveza de trigo, la weissbier o weizenbier, que algo de alemán se te pega cuando pasas por allí.....



lunes, 4 de julio de 2011

LA MEZQUITA DE CORDOBA


La Catedral de la Asunción de Nuestra Señora es el nombre eclesiástico de la Catedral de Córdoba, o Antigua Mezquita. El edificio, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, se comenzó a construir en el 786 en el lugar que ocupaba la basílica visigótica de San Vicente Mártir. En 1238, tras la Reconquista, se llevó a cabo la conversión de la mezquita en una catedral cristiana con la ordenación episcopal de su primer obispo, Lope de Fitero. En 1523 se empezó la construcción de una basílica renacentista de estilo plateresco en el centro del edificio musulmán. Hoy constituye el monumento más importante de Córdoba, y también de toda la arquitectura andalusí, junto con la Alhambra.
La mezquita fue objeto de ampliaciones durante el Emirato y el Califato de Córdoba. Con 23.400 metros cuadrados, fue la segunda mezquita más grande del mundo en superficie, por detrás de la Mezquita de la Meca, siendo sólo alcanzada posteriormente por la Mezquita Azul (Estambul, 1588). Una de sus principales características es que a diferencia de la mayoría de mezquitas, cuando fue construido el muro de la quibla no fue orientado hacia La Meca, sino 51º grados más hacia el sur, uno de los motivos fue su cercanía al río Guadalquivir, que impidió su avance hacia el sur, lo cual la incapacita para una posible oración o salat musulmán, uno de los cinco pilares del islam.
La puerta de Las Palmas da acceso a la mezquita: hay un bosque de 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito sobre las que se apoyan trescientos sesenta y cinco arcos de herradura bicolores. El mihrab, lugar santo que señala la dirección Sur y no la de La Meca, de acuerdo con la voluntad de Abderramán (hacia el río porque le llevaba hasta su Damasco natal), es un joyel de mármol, estuco y mosaicos bizantinos brillantemente coloreados sobre fondo de oro y bronce, además de cobre y plata.
En el Lucernario se conservan los arcos lobulados de los muros y la cúpula. En la cabecera destacan los arcos, los mosaicos del muro y la estructura y decoración de las cúpulas a base de arcos cruzados.
Los materiales utilizados son de acarreo: fustes de columnas y capiteles procedentes de construcciones y épocas anteriores (romanos y visigodos), sobre los cuales se elevan pilares rectangulares de sillería que dotan de más altura al conjunto. Para darle estabilidad a este alzado se recurre a dobles arcos, de los cuales el inferior, de herradura, hace funciones de apoyo, mientras que el superior, de medio punto, es el que soporta la cubierta. Este sistema, además de la alternancia cromática y material de las dovelas, rojas de ladrillo, amarillentas las de caliza, parece estar inspirado en el acueducto romano de Los Milagros (Mérida).
Mi primer recuerdo de la Mezquita de Córdoba es de cuando íbamos a “ESTVDIO”, la librería–papelería más antigua, la mejor y la única que tenía de todo. Allí comprábamos láminas con fotografías de obras de arte para confeccionar nuestros álbumes. Venían en bolsas numeradas y en cada bolsa encontrábamos un montón de fotografías de arte romano, arte griego, bizantino, románico, etc.… Pero algunas de las bolsas tenían dibujadas las columnas y los arcos de la Mezquita. Cuando llegamos al arte árabe, dentro de la bolsa había más fotografías, y en casa había postales de Córdoba y Granada, mi álbum quedó genial. Pero a través de las fotografías se vislumbraba que aquello era mucho más grande, además de que lo ponía en el libro, claro. Pero Córdoba quedaba tan lejos…Alguna hermana mayor, o primo, habían ido de viaje de novios a Andalucía, bueno, a lo mejor era cuestión de esperar a casarse ¿no? O lo que nunca imaginé, que la vida decidiera otra cosa para mí…. Un destino laboral, o algo….
Acababa de descubrir que Córdoba quedaba a menos de una hora cuando una amiga decidió venir a visitarme. Bueno, qué emoción, venía mi amiga, había que celebrarlo, y qué mejor forma que sacar unos billetes a Córdoba. No sé lo que pudieron costar aquellos billetes, ni nos importó, la verdad. Subimos al AVE entusiasmadas, la primera vez que viajábamos en un tren que iba como las balas. Y nos dieron de desayunar, bueno, qué acontecimiento. Aquello significaba que llegaríamos antes a la Mezquita. Porque el objetivo era la Mezquita. Todos las tardes de estudio que nos habíamos pasado pegadas al libro de Arte estudiando las columnas galgo, los arcos de herradura, los arcos lobulados, el pan de oro, la decoración vegetal, las celosías y los mocárabes,…. Todas las fotografías de arcos en rojo y blanco, de columnas de granito y mármol, todos los Abderramanes, la eterna pregunta de dónde está la Meca… todo ello iba a ser respondido en apenas dos horas,  Ni siquiera recuerdo el camino desde la estación, mi recuerdo es estar ante unos muros sin ninguna ornamentación y la entrada a un patio, el patio de los naranjos o las Abluciones, ¡qué olor….a primavera! Y un hombre que se dirigía a nosotras: “Niñas, niñas, ¿queréis entrar a la Mezquita?” “Pues mire, sí, a eso venimos”. “Es que si entráis ahora, os ahorráis 700 pesetas, es la hora de culto….” Vaya, se me había olvidado que aquello era la Catedral….
Respirando hondo y con decisión, dimos el paso, entramos y ¡ooooooohhhhhhh! ¡Pero si esto es un bosque! Filas y filas de columnas, arcos que se extendían hacia el infinito (bueno, casi, aquello tendría un final). Empezamos a caminar entre aquellos “árboles”, buscando, buscando no sabíamos muy bien qué, bueno, sí, había que encontrar la quibla. Mi amiga buscaba las capillas y el altar mayor, porque ella sí que se acordaba de que la Catedral estaba allí. Al poco de nuestra búsqueda, lo vimos. Detrás de una reja, estaba el muro orientado hacia la Meca, que luego me enteré de que anda un poco desviado. Mira, le dije a mi amiga, esto es la quibla, y ese hueco debe de ser el mihrab. Estaba oscuro y apenas se distinguía la decoración, mi amiga no se acordaba, le tuve que explicar lo de la oración cinco veces al día, el muro orientado a la Meca, la habitación más rica del edificio dedicada a albergar el libro sagrado, vaya, que parecía musulmana al lado de ella. Yo me agarré a la reja intentando distinguir el mayor número de detalles posible, llegó un grupo de turistas, y abrieron la puerta, claro, nosotras no éramos del grupo, no sé si por las 700 pesetas o por otras razones. ¡Y se hizo la luz! Aquello empezó a brillar, y mi cuerpo se sacudió como si la corriente me hubiera atravesado antes de llegar a las bombillas. Me vi desde fuera de mí misma, agarrada a la reja, llorando y sin oír a mi amiga que me preguntaba qué me pasaba. Una emoción indescriptible, un sentimiento desconocido, unas lágrimas que me avergonzaban,…Estaba sufriendo EL SÍNDROME DE STENDHAL.
¿Qué me importa que con el paso de los siglos discutamos si la Mezquita debería volver a su culto musulmán, si fue un disparate levantar una Catedral en semejante maravilla arquitectónica, si donde las dan las toman, ya que en su origen era una iglesia visigótica? ¿Qué significa todo esto cuando su quibla decorada con oro, cobre, con miles de piezas brillantes y policromadas fue capaz de provocar en mí semejante reacción? Quizá soy descendiente de alguno de los arquitectos que tomaron parte en la construcción de la Mezquita, quizá en otra vida fui miembro de alguna familia árabe con inquietudes artísticas, o quizá simplemente fui de la familia de las urracas (que dicen que se sienten atraídas por los objetos brillantes).

miércoles, 1 de junio de 2011

RECUERDO DE PALMIRA

Palmira fue una antigua ciudad nabatea situada en el desierto de Siria, a 3 km de la moderna ciudad de Tadmor o Tadmir, (versión árabe de la misma palabra aramea "Palmira", que significa "ciudad de los árboles de dátil"). En la actualidad sólo persisten sus amplias ruinas que son foco de una abundante actividad turística internacional. La antigua Palmira fue la capital del Imperio de Palmira bajo el efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 266 - 272.

En el 41 a. C. los habitantes de Palmira huyeron de las tropas de Marco Antonio al otro lado del Éufrates. En el siglo I Siria se convirtió en provincia romana y la ciudad prosperó con el comercio de caravanas al estar situada en la ruta de la seda.
Tras una visita, el emperador Adriano otorgó a Palmira los derechos de ciudad libre y cambió el nombre a Palmyra Hadriana.
Tras la captura del emperador romano Valeriano en la guerra contra los sasánidas, Palmira defendió las fronteras bajo el mando del gobernador Septimio Odenato. Tras su asesinato, su viuda Zenobia en nombre de su hijo Vabalato, estableció en Palmira la capital de su reino nabateo. Mantuvo su independencia durante seis años frente al acoso y sitio por Roma consiguiendo extender su área de influencia hasta Egipto. En 272 fue derrotada y llevada cautiva por el emperador romano Aureliano quien la hizo tirar de un carro encadenada con cadenas de oro durante su marcha triunfal. Luego fue perdonada y se pudo retirar a una villa en Tibur. Tras una segunda revuelta de sus habitantes, Palmira fue arrasada en el 273.
Diocleciano reconstruyó Palmira aunque la nueva ciudad era más pequeña y estableció un campamento en sus cercanías como defensa contra los sasánidas. En el año 634 fue tomada por los musulmanes y en el 1089 fue completamente destruida por un terremoto.
Llegamos  a Siria por la noche, muy de noche, en un vuelo de 20 minutos procedente de Ammán en el que nos dieron un vasito de zumo de naranja. En la aduana nos hicieron cambiar de ventanilla tres veces hasta que un policía nos sacó de la fila y nos “retuvo”. Éramos seis “almas cándidas” sentadas en un banco en tierra de nadie esperando que alguien nos explicara qué pasaba, aunque estábamos tranquilos porque el policía nos había dicho “don´t worry, pleasse sit down” o algo similar que creí entender con mis litle-litle conocimientos de inglés. Toda esta aventura duró unos quince minutos, pero os prometo que en Siria, con un montón de policías de piel oscurita y viendo que todo el mundo pasa la aduana menos tú,… Como que se te hace un poco más largo.
Mi primer recuerdo de Palmira es del día que visitamos Palmira. Había preparado mi viaje a Jordania, me había documentado sobre Petra, el Mar Muerto, Madaba, había visto “Lawrence de Arabia”, conocía al rey Hussein y la reina Noor, a su hijo el rey Abdalá y cómo no, a su preciosa esposa Rania, etc… Pero el viaje tenía una extensión a Siria de tres días, visitaríamos Palmira y Damasco. Lo único que sabía de Palmira era que me sonaba a ciudad romana. Y de Damasco, que era una ciudad muy antigua y que San Pablo se convirtió al cristianismo durante su convalecencia en esta ciudad tras un accidente de caballo.
¡aaahhhchiisss! Este fue mi saludo a la ciudad de Palmira cuando atravesaba su gran arco de Triunfo siguiendo al guía beduino. Una caminata por un cardo, que lo de cardo lo había aprendido dos días antes en Jerash, es una calle principal flanqueada por columnas. Caramba, pensé, esta gente lo hacía todo grandísimo. Nos explicaron que la calle medía unos 1.200 metros y que estaba toda adornada con esculturas de ciudadanos notables.
En la foto se pueden apreciar los restos del gran arco levantado sobre la vía principal de la ciudad, y las majestuosas columnas que flanqueaban esta calle principal porticada. Excepcional obra maestra, de la que no se conoce el autor que la realizó, pero sí que es del siglo III.

 ¡aaachhhiiisss!, contesté a la propuesta de matrimonio que nos hizo un ligón eventual que buscaba su tercera esposa entre nuestro grupo.

Y llegamos al templo de Bel, el dios supremo de la ciudad. Aquí nos explicaron cómo eran las procesiones que organizaban en honor de su dios. Bueno, con lo grandísimo que se ve que era el templo, y los ceremoniales que te imaginas que seguían, pues vamos, que aquello debía de ser eterno. Y con ese sol de justicia que caía, ¡aaachhhiiisss!, Y como toda construcción lejana en el tiempo que ha visto pasar tanta Historia ante sí, supimos que en el siglo IV fue convertido en iglesia, después fue una fortaleza árabe, una mezquita y terminó siendo refugio de soldados y tribus nómadas.
¡aachhhiiisss! Nos enseñaron una serie de ruinas en mayor o menor grado de conservación. El teatro es precioso, es uno de los edificios mejor conservados, y podría servir como escenario de alguna representación, lo malo sería trasladarse hasta allí para ver representada “Electra”, “Las Troyanas” o “La bella Helena”.
 ¡aaachhhiiisss! El guía ya me miraba, cada dos pasos, yo estornudaba, así que dije: “creo que me he resfriado con el aire acondicionado del microbús”. “Nada de eso, es que tienes alergia a alguna planta”, dijo con aire de entendido… ¡Plantas! ¿Aquí hay plantas? Bueno, estábamos en pleno desierto, yo creo que el comentario era lógico, ¿no? “¡Pues claro, miles!, ¿es que te crees que en el desierto no hay plantas?” Creo que se calló lo de “tonta”. En fin, la lección de la flora desértica hay que repasarla.
Ahora, cuando repaso mis fotos de Palmira, o veo algún reportaje, o Siria aparece en las noticias, se apelotonan los recuerdos. Entre achis y achis, conocí las ruinas de una ciudad que guarda la historia de la reina Zenobia, una mujer extraordinaria, capaz de levantar un imperio en poco menos de seis años, y hacer frente a la poderosa Roma. Una mujer a la que históricamente, se compara con Cleopatra, aunque  a mí se me viene a la mente Margaret Thacher. 
Y cada vez que estornudo en mi trabajo, recuerdo que nunca es tarde para aprender botánica y no quedar como una tonta delante de gente desconocida.
¡¡¡aaachhhiiisss!!!